14 de agosto de 2007

El elefante encadenado




Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que mas me gustaba de los circos eran los animales. Pero sobre todos, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.



Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal era capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio era evidente: ¿Que lo mantiene entonces? ¿Por que no huye?



Cuando tenia cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explico que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.



Hice entonces la pregunta obvia: - Si esta amaestrado ¿por que lo encadenan?. No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.



Hace algunos años descubrí que por suerte para mi alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".



Cerré los ojos y me imagine al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resigno a su destino.



Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que NO PUEDE. El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.



Jamás... jamás ... intentó poner a prueba su fuerza otra vez ...



Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de limitaciones mentales que nos restan libertad. Vivimos creyendo que “no podemos” realizar un montón de cosas, simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Crecimos portando ese mensaje (no puedo) que nos impusimos a nosotros mismos y nunca mas lo volvimos a intentar.



La única manera de cambiar ese pensamiento, es haciendo conciencia del hecho de que los errores del pasado no significan necesariamente, el que hoy no pueda realizar cierta actividad.



No importa cuantas veces hayamos fracasado en nuestra vida, dense cuenta de que han existido personas que nunca se dieron por vencidas ante sus derrotas. Un ejemplo es el inventor del foco, Tomas Alba Edison. Él un día fue entrevistado mientras estaba tratando de hacer funcionar al foco sin ningún éxito. Le preguntaron: ¿No se ha cansado después de haber hecho más de 1.000 focos inservibles? A lo que respondió de inmediato: ¡No son 1.000 focos inservibles, he descubierto 1.000 formas de cómo NO se hace un foco!.



Todos nosotros deberíamos de tener esa actitud ante la adversidad. Una actitud de aprendizaje y perseverancia ante los retos que se nos presentan todos los días.



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